Los Angeles
On language as our homeland.
I. Los Angeles
I’m enjoying a rare hour alone at home.
It feels strange: a living room still crowded with life, toys stranded in their bright, improbable shapes.
A thin autumn sun fights its way through the big window.
I appreciate the attempt.
Today is beautiful precisely because it wasn’t planned: a pause between projects, a few hours where time floats still.
Everyone is talking about Rosalía this week.
I put on her first album, Los Ángeles, the one Raül Refree produced.
I scroll back past the years of singles and millions of listeners to that earlier voice
Rosalía before Rosalía
And turn the volume up.
Her voice tears the air on Si Tú Supieras Compañero
and something in me
no, a door in me
opens.
II. Mi patria cabe en la boca
When something sounds that pure, that spare.
When it comes from a deep, ancient place,
the body remembers.
It isn’t nostalgia
nostalgia is a luxury for people certain of where they belong.
It’s language as homeland, the messenger of feeling.
Octavio Paz used to say that la patria de los poetas es su lengua.
Patria won’t translate cleanly. It isn’t homeland.
Perhaps motherland, but even that misses its weight.
Yo tampoco siento la patria como país.
A veces es un lugar concreto
la casa de veraneo donde pasé la infancia.
La mayoría de las veces es el lenguaje de esa infancia que llevo a cuestas allá donde vaya.
Mi patria no tiene fronteras porque cabe en la boca.
Se cuela por las entrañas.
Vive agazapada en mis vísceras, paciente como las mareas:
se retira y vuelve, y así siempre.
He llegado a pasar semanas sin mirarla, sin darle cobijo.
Pero a mi patria no le importan mis ausencias ni mis pequeñas traiciones.
Sabe que la necesito más de lo que admitiré jamás.
Que siempre vuelvo. Que siempre he vuelto:
a veces a conciencia, en un salón como este,
cantando a pleno pulmón;
otras cuando me doy un golpe y me maldigo,
o cuando susurro buenas noches a mi hijo.
III. Pequeñas ceremonias
Cada espacio íntimo ocurre dentro de mi patria.
Está hecha de pequeños rituales
compañías del alma
no de visitas a España.
Levantarme y poner la radio:
un murmullo de voces familiares.
No importa quién habla o de qué hablan.
Leo poesía como nunca antes,
porque nunca pude sentirla en inglés.
Pizarnik abre la vena; la suya primero, y después la mía.
El lenguaje cala y se hace llaga que cura.
Y cantar en voz alta
yo, que nunca cantaba
Y llorar cuando una canción me atraviesa,
yo, que intento no llorar.
IV. La patria es refugio
Hoy, mientras Los Ángeles llena el salón de quejíos y palmas,
entiendo que mi idioma no es resistencia, es refugio.
No es mi escondite privado, es el lugar donde reconocerme.
Mi patria, que no juzga mi acento raro,
que me espera al final del día,
tras horas de small talk y reuniones vacías.
Destiérrame donde quieras, si mi patria es ésta.
La canción termina por tercera o cuarta vez.
Todo vuelve al silencio.






yo siento que la patria es el punto de donde partimos y ese al que nos dirigimos.
gracias por este texto. ha sido increíble leerte.
Mientras te leo, me doy cuenta que estoy tomando el famoso mate dominguero y mirando un poco de TV Argentina, la antesala de un día largo de comida que empieza con la hora del vermut. Menzclando tradiciones de domingo 😬