Reconocernos
On seeing each other again
We have a babysitter, five months later.
We’re going on a date again, the fourth since Theo was born - he’ll turn two in a few weeks. Four dates in two years. Love is not mathematics, but you can’t ignore the truth in the numbers.
We used to celebrate Valentine’s Day on the 13th; partly as a protest, though we still did the things lovers do in our own way. We’d go to this old rockers bar and play foosball and pool. We’d have dinner at places that didn’t need a reservation - the kind of places that survived Amsterdam’s ferocious trends, a statement of intent about our love. We never took selfies or a photo from the Polaroid man who wandered from bar to bar, but those nights we did.
Always on the 13th, whether it fell on a Monday or a Thursday, we’d walk back home laughing, tipsy. Always to hers because we didn’t live together yet, and because her house was this beautiful rental by the canals.
Este día 13 era viernes y nos arreglamos para salir juntos después de seis meses. Seis meses siendo padres, siempre; compañeros de piso, a veces; y enfermeros el uno del otro durante buena parte del invierno.
Fuimos a ver Hamnet, que ya me había emocionado como novela. Cleo no la había leído, y me pasé la película ansioso buscando su mano, tratando de adelantarme a cada momento triste.
Es 1596 en Londres y se estrena La Tragedia de Hamlet ante una sala abarrotada. En mitad de la representación, las miradas de Agnes y William se cruzan y, por primera vez en años, se reconocen el uno al otro.
Reconocerse. Es el sentido más poético de la palabra, pero también el más certero. Volver a conocerse. El acto más difícil del amor, escribió Iris Murdoch, es aprender a ver más allá de uno mismo. Despojarse, mirar a la persona que tienes al lado y verla de verdad.
Este 13 de febrero, en una sala llena de gente, llena de lágrimas, nuestras miradas se cruzaron un largo instante, y supimos reconocernos.




La vi ayer y justamente de toda la película me quedé en ese momento en que Agnes reconoce a William y su dolor. Qué importante lo simbólico, las artes, la expresión creativa cuando la vida, la razón se nos lleva por delante. Hay tanto en ese brazo tendido de la secuencia final 🤍
Viva las babysitters!