Papa, Read
On the healing power of routine
There’s a new reading corner in the house. In the nook where the ceiling slopes into an attic, sheltered by wooden beams from the Dutch winter cold. Guarded by a bear, a zebra, a capybara and a fire truck.
A dreamy, cosy one. But it’s not mine.
Every evening at 19.15, my son sits in his reading corner and makes room for me beside him:
“Papa sit”
Every time, he points to the same spot. And every time, we sit side by side and read the same book. The same 16 pages about Bluey and her family. Twice.
I once tried to change a bit the story, introduce a few plot twists. Every new idea was met with an upset face and a small index finger moving side to side: “No papa, no”
It’s 19.15 on a Thursday. Four floors down, Amsterdam is in full motion: art exhibitions, grand openings, packed restaurants, cafés turned cocktail bars. I watch from the sidelines like an injured athlete. Worse: like a retired one who knows he’ll never make it back.
He vivido enfadado, sin saber hacer las paces con quien fui durante años. Incapaz de despedirme de ese yo. Frustrado, por tener que vivir en un mundo reducido a lugares comunes, seguros y conocidos. A veces oigo ese otro mundo excitante, ruidoso y lleno de luces llamándome, pero es inútil, llama a un yo que ya no existe.
Entonces mi hijo me tira del jersey:
“Papa no finish. Papa read”
Vuelvo a la página 12. En la que Bluey al fin reconocer echar de menos a su hermana Bingo y decide volver a dormir con ella. Este es el momento favorito de Theo, en el que siempre se pone a aplaudir.
Un enano de dos años, que vive cientos de primeras veces cada día, me recuerda que la vida está en lo que hacemos una y otra vez.
Lo que repetimos deja de ser hábito y se convierte en hogar.
Y es que es en esta casa, en esta rutina, donde habita mi mundo. Mi ahora que me arrastra y tira de mi jersey:
“Papa, read”




So sweet.
Tus posts bilingües son muy interesantes. Aquí, por ejemplo, cambias de idioma en el mismo momento que cambias de perspectiva y tono (ingles - papá en su mundo reducido, español - vida de antes).
Me recuerda a lo que dice Chesterton (hablo de memoria) sobre cómo los niños, precisamente porque están llenos de vida, aman la repetición. Son tan libres de espíritu que quieren lo mismo una y otra vez...